La Bendita Virgen María es la Madre del Señor Jesucristo y, entonces, ella posee el título y la identidad de “Madre de Dios”. Por la historia de la Iglesia, María ha tenido el lugar singular de honor y preeminencia entre la comunión de los santos. Escogida por Dios para ser la madre de su único Hijo, María fue concebida en el vientre de su madre sin la mancha del pecado original y “llena de gracia” tal como anunció el Ángel Gabriel cuando ella concibió al Señor Jesús (Lucas 1:28). De manera semejante, por razón de su relación única y privilegiada con el Señor Jesucristo, fue asunta en cuerpo y alma cumplido el curso de su vida terrena. Estas dos convicciones de la fe son íntimamente relacionadas y proclamadas y mantenidas por la Iglesia – la Inmaculada Concepción y la Asunción. Y las dos merecen un reconocimiento y celebración especial en la Iglesia. Por eso ambas son días sagrados de obligación, el 8 de diciembre y el 15 de agosto respectivamente.