A pesar del sentido solemne de esta celebración litúrgica en Roma y los días de vacaciones que siguen, el martirio de los santos Pedro y Pablo sirve para recordarnos a todos nosotros en la Iglesia que el verano no significa ningunas vacaciones ni feriado de nuestra fe. De hecho, las oportunidades que tenemos para descansar del “resto del año” y sus rutinas durante los meses del verano, nos ofrecen un momento maravilloso para re-comprometernos con paz y alegría a la fe que nos sostiene por el año – si nos permitimos a nosotros mismos aprovechar de las oportunidades.